Arquitectura sin Arquitectos [Proyecto] 2012-2014

Bogotá, Colombia

Arquitectura sin arquitectos ASA es resultado de una intervención participativa de sitio específico en un asentamiento informal ubicado en Ciudad Bolívar, Bogotá, Colombia. La artista en colaboración con la familia Puentes Velandia-Gil Moreno-Ramírez Moreno, con quien se muda a vivir en distintos momentos a lo largo de dos años, realiza un ejercicio de proyección y ampliación de la vivienda familiar, el cual se desarrolla en distintas etapas: se sustituye el techo de lámina por un techo de concreto para dar solidez a la casa y permitir su posterior expansión; se proyectan los espacios futuros con una instalación de hilo de algodón a escala 1:1 –con hilo negro se trazan los espacios consensuados por la familia y con hilo rojo los espacios en discordia–. La instalación se integra con la casa real como si fuera una suerte de autocad (diseño asistido por computadora para modelado en 3D) en vivo, como un dibujo o un plano fantasmagórico sobre el paisaje. La parte de la casa proyectada se ensambla en un solo conjunto con la parte de la casa todavía en construcción y también con la parte de la casa actualmente habitada. En el proyecto se indaga sobre las distintas fases de la casa autoconstruida- la casa habita, la casa planeada y la casa construida- para entender la casa como un estructura fluida, dinámica, activa, dúctil, y modular suceptible a tododo tipo de vaivenes (estructurales, económicos, sociales y políticos). La casa autoconstruida responde a las necesidades orgánicas e inmediatas de sus habitantes, no a una proyección idealizada de una casa, se trata de una arquitectura orgánica, vernácula, acumulativa y gradual, hecha con los materiales y soluciones que se tienen a la mano y con los acuerdos logrados entre los familiares y vecinos y las condiciones del terreno, entre otros. ASA es un proyecto artístico y etnográfico sobre la arquitectura de los asentamientos informales, un homenaje a las habilidades y destrezas manuales, constructivas, de sus habitantes, su capacidad para el autoaprendizaje, la adaptabilidad, la organización autónoma, la apropiación y la resistencia. A su vez, se hace eco de sus contradicciones, esperanzas y decepciones, de las incertidumbres y posibilidades que afectan a las viviendas, barrios y ciudades que habitan.

I

Ocupo, mientras habito, mientras resisto, mientras me desalojan.

A diferencia de la vivienda formalizada, que suele cumplir con un programa de cierta linealidad y predictibilidad, primero planeo, luego construyo y luego habito, en el caso de la vivienda de invasión u ocupación informal sucede una virtual simultaneidad de todas las etapas de su ciclo de vida:

Ocupo, mientras habito, mientras resisto, mientras me desalojan.

Este motto o lema es la piedra angular del presente proyecto y trata de sintetizar en pocas palabras dicha concurrencia, que se traduce en un estado de crisis permanente de la vivienda en convivencia con un acentuado arraigo y profundo sentido del habitar.

1

II

Contexto

Villa Gloria

Ciudad Bolivar, Bogotá, Colombia

Villa Gloria, Ciudad Bolívar es un barrio ubicado al sur de Bogotá, Colombia.  Al igual que muchos barrios periféricos en Latinoamérica, es parte de un asentamiento que ha sufrido un crecimiento desmesurado en los últimos diez años, y se ha extendido de manera irregular hasta dominar el horizonte, casa a casa. Las viviendas están construidas en terrenos que no están habilitados, pues no cuentan con servicios básicos como luz, agua y drenaje, y mucho menos con servicios escolares, culturales y sanitarios. Además de tratarse de terrenos inestables, con pendientes muy pronunciadas y deslaves continuos. Son localidades paralelas a las grandes aglomeraciones urbanas, donde las familias que habitan estos lugares generalmente son las mismas que autoconstruyen sus hogares, pavimentan sus aceras, colocan su alumbrado, construyen su inmobiliario y su endeble infraestructura urbana. Son familias pioneras, que sin tener consciencia de ello, llevan a cabo una tarea que requiere de un conocimiento especializado y que a pesar que no lo tienen conciben estrategias basadas en la improvisación para la construcción de espacios precariamente habitables, en ocasiones efímeros. En estas periferias se vive una vida de incertidumbre, frágil, que pende de un hilo.

A esto debemos sumar que la legalidad en estos barrios es inexistente, se vive al margen de las reglas, no hay permisos para la construcción y, la corrupción está presente en cada uno de los pasos necesarios para erigir esté tipo de vivienda. De ahí que sus habitantes vivan la zozobra permanente de ser expulsados de sus propias casas. La noción de propiedad es inexistente, la mayoría de los predios permanecen en una especie de obra negra, a medio construir, tratándose aquí no sólo de la materia física sino del completo entendimiento de la interacción social. Es común ver varillas semi cubiertas de concreto en estado de apuntalamiento de un futuro segundo piso de la casa, cuarto o estancia. Son los así llamados castillos, que perduran y se oxidan en las azoteas de las casas.

Este proyecto aborda la problemática de estas viviendas, estructuras frágiles, en tensión, e inestables, susceptibles a todo tipo de vaivenes que pueden hacer que se cimbre y sea desalojadas de un momento para otro. Sin embargo, es en estos espacios, donde florece el autoaprendizaje, la ingeniería popular y la autoorganización, donde la casa también deviene una estructura fluida, dinámica, activa, dúctil, y modular.

III

Echar la losa o levantar la cruz

Junto  a la familia Puente Moreno Velandia que se proponía autoconstruir su casa en el barrio de Villa Gloria, un asentamiento informal de la periferia de Bogotá, realicé un ejercicio de proyección de la vivienda. La idea de una intervención colaborativa consistía en encontrar un método que visualizara las posibilidades y dificultades que tiene una familia al proyectar, construir y habitar su espacio en un entorno tan vulnerable y problemático.

La primer práctica colaborativa fue la sustitución de un techo de lamina por un techo de concreto o fundición de la losa donde no sólo colaboró la familia que habitaría la casa, sino también familiares, amigos y vecinos. Esta es la fase más importante de la autoconstrucción a la que se le conoce con el nombre de “echar la losa o levantar la cruz”, momento fundacional en la autoconstrucción, se retiran las láminas o las lonas temporales que han servido de techo-piso temporal y se sustituyen por una placa de concreto sólida que le da carácter de estabilidad, de pertenencia, de asentamiento “fijo” a la vivienda. Se genera una estructura participativa, un tequio -carga de materiales, mezcla del concreto, nivelación del terreno, colocación de malla y ladrillos, préstamo de herramientas, preparación de los alimentos, etcétera- y en último término la celebración de la plancha.

Aquí se generó la parte afectiva del proyecto, relaciones de confianza y de intercambio mutuo, tanto de cariño como de saberes. Un aspecto importante de mi trabajo tiene que ver con la afectividad. No creo en los proyectos neutrales. Trato con personas. La afectividad es central en un proyecto colaborativo como Arquitectura sin Arquitectos que depende de la construcción de una relación con una comunidad durante dos años. Y quiero aclarar algo. No creo en los proyectos artísticos tipo ONG, ni de carácter buenista. Me molestan de hecho. La afectividad de la que hablo, no se traduce en imágenes sentimentaloides, lejos de eso mi acercamiento documental tiene un pathos bastante frío, antidramático. Siempre he sido muy crítica de la pornomiseria o poornography.

El hecho de ser mujer me facilitó algunas cosas, como el acceso a la vertiente femenina del habitar me permitieron meterme a la casa de otra forma, bañarme con las niñas, de lavar la ropa con ellas, etcétera. También se despertó un sentimiento de protección de la familia hacia mí, de acompañarme a todos sitios, de prestarme ropa para el frío, de darme de comer y dormir.

A medida que avanzábamos había un entendimiento más profundo del proyecto y un involucramiento total. Se generó un clima propicio para poder filmar, proyectar, volver a filmar, y volver a proyectar. Se mostraron entusiastas, participativos, y siempre dialogamos mucho sobre los temas y los contenidos, el porqué no mostrábamos un rostro y los cortábamos, el porqué no filmábamos la acción sino su consecuencia. Sólo así pudimos mostrar esos detalles que hacen de la casa un personaje: el agua a 5 grados para bañarse, la ausencia de refrigerador, el ahorro del agua, la imposibilidad de una capacidad de ahorro semanal, la colaboración de una economía familiar donde contribuye en el trabajo desde el más pequeño al más grande, fabricar una estufa, hacer un espejo de tocador con pedazos de retrovisores encontrados, etcétera.

Tengo un regalo hermoso en mi casa hecho por ellos. Una ventana de hierro firmada por la familia con una dedicatoria: Que sea lo primero que coloque cuando tenga una casa. Es la afectividad lo que hace posible esta segunda parte.

IV

La casa de hilo

Una vez construido el techo, se propuso a la familia la proyección del segundo nivel todavía por construir. Se ideó un método para tomar las decisiones del crecimiento de ésta y, con hilos de algodón, se proyectaron los espacios futuros. La idea surgió durante la fase de contsrucción de la losa, la familia utilizaba un sistema de tiralineas para nivelar el terreno: un hilo tensado con tintura roja amarrado a un clavo en cada extremidad, al jalar el cordón por la mitad lo soltaban para que rebotara y quedara la marca de la línea en la pared. Alzar una estructura que le diera cuerpo con sutileza a los espacios futuros de la casa, como las geometrías flexibles en hilo que el escultor minimalista Fred Sandback había trabajado en los 70. En mi caso no hubiera dado con la solución trabajando desde el estudio. Mi estudio es insitu siempre.

Se utilizó un código para dividir los futuros espacios domésticos: con hilo negro se trazaron los espacios consensuados por la familia y en hilo rojo los espacios en discordia. El resultado fue una casa en hilo tensado a escala 1:1 a la manera de un autocad en vivo, que sugirió la ubicación y tamaño de cada parte de la casa que se pretendía construir: vanos que serían puertas o ventanas, muros de ladrillo o aplanados, una escalera de caracol que comunicaría las dos plantas. De esta forma, la ampliación se volvía palpable, podía visualizarse y la casa podía recorrerse en tercera dimensión. Los hilos habían creado espacios que si bien eran imaginarios, también constituyeron todo un sistema de autoorganización para la autoconstrucción, además que lograron generar no sólo discusiones sino también diálogos entre los habitantes de este barrio. El gesto escultórico tenía que negociar aquí con el dinamismo de un lugar habitado, semi habitado, por habitar.

Esta suerte de escultura flexible, que invitaba a ser transitada, permitió la circulación en torno a cada sección y propició diversas lecturas que desbordaron la mera finalidad práctica de la proyección arquitectónica. La casa de hilos atrapa el espacio, desmaterializa lo físico, es un cruce entre dibujo y escultura: el trazo más el dibujo nos da el esbozo y el plano arquitectónico. Esta idea de elaborar una escultura, sin peso, solo visual, genera sutileza, espacios atrapados en negativo. Es a la vez un dibujo, escultura y arquitectura. Trazo, espacio y habitáculo.

Al mismo tiempo, los hilos en el aire tenían otro significado, muestran, una obra en estado de apuntalamiento, un gesto escultórico en equilibrio infinito e inestable, en ella se puede percibir metafóricamente la fragilidad de la casa al ser transitada, la vibración de sus paredes, ventanas, escaleras y altos techos de hilo.  La etérea estructura de alguna forma simboliza la esperanza y la fragilidad de sus sueños, lo que está en juego, vidas enteras de esfuerzo.

A su vez, los hilos de algodón también pueden ser leídos como los hilos que unen a las personas, es decir, como representación de los vínculos afectivos que se van generando entre los familiares, los amigos y los vecinos que participaron en la fundición de la plancha. Esta instalación in situ y de naturaleza efímera sirve para proyectar y su destino es desaparecer. Su propósito principal es servir de guía para una futura construcción sólida. La estructura de hilo se eleva como homenaje al proceso continuado de proyección que sucede en la cabeza y en las conversaciones de sus inquilinos, mientras habitan y construyen el lugar, hacer crecer con sus propias manos su refugio, enfrentan todas las incertidumbres y reveses que se van presentando en el camino.

Al momento en el que los habitantes de la casa van tensando el hilo de Arquitectura sin arquitectos, no sólo proyectan en un sentido funcional (trazar una línea para proyectar el espacio tridimensionalmente) sino que  además van dibujando sus deseos y pulsiones, sus conflictos y acuerdos- marcados en hilo rojo y negro- por una vivienda mejor o más grande, por formar un patrimonio y poder heredarlo, por tener la posibilidad de brindar una mejor calidad de vida a su familia.

V

Leyenda local

La vida contiene la casa y la casa contiene la vida, pero no a la manera de un contenedor idealizado y funcional, aquí no hay diferencia entre la vida y la casa, desde su ocupación hasta su desalojo. No se separa la vida de la arquitectura, ésta  se entreteje con la arquitectura.

Cuando construyes una casa de hilos no estás construyendo literalmente una casa, estás  construyendo una pequeña leyenda local que activa las narraciones, los afectos, las proyecciones, es una excusa para despertar una nueva percepción, un nuevo sentimiento, una nueva conciencia.

La relación de colaboración con la familia se da a partir de este juego arquitectónico- Modelar en hilo y a escala natural no tiene por objeto producir una arquitectura “real” sino un simulacro o proyección de una visión sobre el habitar de la familia que se verá acompañada y enriquecida por sus relatos y testimonios.

Aquí el espíritu de la casa no se le delega a un especialista, a medida que este juego se despliega los inquilinos intervienen en el diseño,  hay todo un margen de libertad de construir la casa a su antojo, se produce una libertad particular, definen la casa de una forma radical y profunda que termina por afectar hondamente la estructura de la casa. Por otro lado los ocupantes de las casas hacen cosas que no se atreverían a hacer los inquilinos de una casa “formal”.

Este juego arquitectónico trabajan sobre esta posibilidad de libertad, de modificar o de construir su propia casa. No tiene nada de utópico, la arquitectura es limitada y mínima, así como las posibilidades con las que se autoconstruye, y sí, es una arquitectura “plebeya” desde el punto de vista arquitectónico, arquitectura desnuda, descarnada, tímida pero también ingeniosa.

En este sentido Arquitectura sin arquitectos hace eco, como sugiere el politólogo James C. Scott, del papel de la inteligencia práctica, la intuición, la metis, en la esfera de la economía informal. En ésta última se da forma a objetos y espacios por medio de una suerte de ingeniería inversa o ingeniería popular, que atiende mediante adhoquismos problemas que no pueden resolverse con la aplicación de rutinas rígidas y preestablecidas. Los espacios se mantienen en permanente apertura, entre un estado de inicio y otro de abandono o incompletitud. En éstas subsiste una lógica de los pequeños pasos, abierta a la sorpresa y a la inventiva, reversible y revisable. Una obra en estado de apuntalamiento perpetuo, en estado de equilibrio inestable.

La esencia del proyecto consiste en este ir y venir de las actividades constructivas y proyectivas, en la modulación de habilidades manuales y cognitivas que requiere cada momento. El contraste entre habilidades o tareas conocidas -de tipo mimético, trasmitidas por los que tienen más experiencia- y tareas desconocidas -que conllevan experimentación, tanteo y riesgo- produce una catalización, transformación, ampliación de saberes y técnicas en todos los participantes, incluyendo a la artista. De este modo, se busca desencadenar un reajuste de la percepción de los habitantes sobre su espacio habitacional, una modificación del significado habitual de casa, a partir de una práctica a medio camino entre un juego y un trabajo.

VI

El registro museográfico y audiovisual

El registro audiovisual tuvo como intención observar las actividades cotidianas y las actividades de construcción de la familia, con sus particularidades y tensiones, para registrarlas a la manera del cine directo, generando una presencia mínima en la cotidianidad de los habitantes y en los procesos de construcción. Un pequeño  equipo de filmación y una cámara transparente (que pasa inadvertida, que los personajes no miran y que reduce la presencia del director) se mueven por la casa registrando lo duro y lo suave. La cercanía con los habitantes de la casa generó un clima propicio para poder filmar, volver a filmar, y volver a filmar, dialogando sobre los temas y los contenidos, el porqué no mostrábamos un rostro y los cortábamos, el porqué no filmábamos la acción sino su consecuencia. Sólo así pudimos mostrar esos detalles que hacen de la casa un personaje: el agua a cinco grados centígrados para bañarse, la ausencia de refrigerador, el ahorro del agua, la colaboración de una economía familiar donde contribuye desde el más pequeño al más grande, tardar una hora en prender una estufa, hacer un espejo de tocador con pedazos de retrovisores encontrados, etcétera. Estos momentos están envueltos por las texturas inacabadas del ladrillo y el concreto que son el fondo contra el que se graban personajes y acciones, y a nivel sonoro, por la invasión de ruido de construcción en gran parte de las tomas, apuntando a un fuera de campo de un barrio que está en obra constante.

Arquitectura sin arquitectos fue una experiencia de primera mano del sitio, ajena a los estereotipos y clichés sobre el barrio y  ceñida, eso sí, a las cuestiones de habitabilidad específicas de la familia y el lugar, frágiles y precarias. Asimismo, hubo una intención de filmar a la familia en concordancia con el espíritu participativo que el proyecto tuvo desde su concepción, un cine documental que provoca lo que filma y filma lo que provoca, que induce o introduce incidentes críticos que cambian la situación inicial de un grupo humano mientras se filma su reacción y transformación con respecto a ese incidente.

El formato de presentación del proyecto es un documental fragmentario o expandido o espacializado, donde se da cuenta de las tres fases de la casa, mientras habito construyo y proyecto. Son cines de sitio, donde cada video tiene un soporte ad hoc y para cada fase se desarrolló una pantalla con una superficie específica, de modo que los materiales que forman parte del mundo de la autoconstrucción fueron cuerpo de varias pantallas. Por ejemplo una pantalla simula una losa sobre el piso, esta losa está compuesta de gravilla, cemento y arena con los que se hace una placa de concreto, pero no se moja, se acumulan los materiales, se mezclan y se compactan.  De modo que el espectador que transita esta pantalla sui generis levanta polvo y poco a poco la pantalla va perdiendo la forma, como consecuencia las personas se llevan la pantalla-losa en los pies.

Hubo una réplica de la casa de hilos en el espacio museográfico, donde la familia construyó la casa en hilos junto con la artista. Aquí la casa de hilos inserta en un cubo blanco toma otras caracterísiticas. Nunca igualará la experiencia del non site, ni pretende hacerlo. El museo no la neutraliza ni la vanaliza, simplemente se vuelve por un lado un objeto de estudio, como analizar un hueso, un diente de mamut, y por otro una experinecia formal, recorrer un dibujo tridimensional de líneas rojas y negras.

VII

Testimonios

2

Lucila. Llegué al Barrio de Villa Gloria porque no quería seguir pagando arriendo, y con lo que pagaba de arriendo le fui invirtiendo a mi casita para tener una mejor vida para mis hijos. Me vine a comienzos del 81 y estoy aquí desde esa época. Me gusta mucho porque hay mucha vegetación, porque se siente como más limpio el ambiente, estamos en tierras ambiguas, entre el campo y la ciudad. Cuando yo llegué esto eran lomas, potreros, vías destapadas, quebradas, no habían servicios públicos, ni de transportes. Nos tocaba cargar el agua de los nacederos, y traer contrabando de los barrios donde había luz y coger los carros en un transporte improvisado que se cogía de ahí del barrio Santa Lucía hasta llegar acá. El lote donde yo llegué no era un lote, era un barranco. A este pedazo de tierra tocó bajarle tres niveles, explanar, hasta llegar al nivel de la vía peatonal. Porque eran vías peatonales, no vías principales. Con la misma tierra que se sacó del terreno, se hicieron los muros para asegurar el terreno, porque esto es una loma. Yo he ido construyendo de a poquito, con créditos y microcréditos que da el banco, he sacado para ir construyendo la casa. Como quedé viuda, con una indemnización que me dieron de mi marido monté el negocio y me puse a trabajar para sacar adelante a mis hijos y de ahí iba construyendo. Llevo más de 35 años conviviendo aquí en Ciudad Bolivar, esto fue prácticamente invadido por gente informal. Si alguien necesitaba ubicarse le pedían a uno la plata “Venga, ahí está su terreno. Mire a ver si se lo deja quitar, allá usted”. Desde ahí empezaron los conflictos, la lucha por las tierras, “no este es mi espacio y este es mi espacio y si usted me lo va a quitar entonces nos vamos a matar”.  Así es con las invasiones, no hay de otra.

3

Gaspar. Cuando llegué acá compré el terreno. Me ha tocado pagarlo dos veces porque se lo pagué al que estaba viviendo aquí y se lo pagué al Inurbe (Instituto Nacional de Vivienda de Interés Social y Reforma Urbana). Lo pagué hasta el último peso pero no me dieron escritura y nunca me llegaron a escriturar porque tocaba pagar también por las escrituras, y por muchas cosas más, inclusive yo tengo los recibos de pago que mandé para obtener una escritura protocolizada de mejoras cuando le compré al dueño que me vendió por posesión, porque antes uno compraba por posesiones. Entonces yo tenía una escritura de posesión desde este tiempo, como desde 1985. Pero no me la valen. Construí en palo y teja, eran de una telita por encima y asfalto por los lados. Luego ya me compré mis bloques y con eso hice la pieza donde dormí un tiempo mientras se hacía la otra. Después iba comprando poco a poco con los créditos de los bancos. Le dije eso a los que nos quieren reubicar, que llevo toda una vida construyendo, qué había construido siempre, con los créditos de los bancos que se iban pagando con el trabajo mío. Aquí mismo monté mi taller, se llama metalmecánica y ornamentación, he hecho bastante trabajo en este taller y atendido a mucha gente, desde el 81 estoy aquí, incluso he venido usando el mismo uniforme. Mis trabajos van desde garajes, portones, ventanas, puertas, hasta camas. Antes podía pagar ayudantes, ahora ya no puedo, porque tendría que asegurarlos y no me alcanza para pagarles y asegurarlos. Entonces ahora trabajo con María, ella me ayuda, nos toca trabajar lo que podamos los dos. Yo mismo elaboré mi casa, entonces sería arquitectura sin arquitectos, yo mismo hice los planos, las paredes. Ningun arquitecto viene aquí, no los necesitamos, nosotros sabemos hacerlo, mejor que ellos, porque podemos construir donde ellos no pueden. Por eso, la casa donde uno vive, la quiere uno mucho, porque le ha dado mucho, la ha trabajado uno con mucho esfuerzo, ha ahorrado la platica para construilrla, le ha dado la vivienda, le ha dado el taller y quiero mucho a mi casa.

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Anghello. Ese proceso de la segregación en Ciudad Bolivar ha sido muy fuerte, nos aislaron, nos mandaron a la roca. Yo le bauticé a Ciudad Bolivar “La roca” porque de hecho Ciudad Bolivar es como una roca. Esto de llamarnos informales es pura hipocresía. Todo esto está construido sobre una roca, una roca que tiene mucha diversidad minera, riqueza minera, entonces hay desde el cemento hasta la arena, la gravilla y las canteras. Estamos rodeados por compañías ladrilleras, por las cementeras que viven de nosotros, nos explotan… sin embaargo ellos no son informales, nosotros sí, eso dicen ellos. De un momento a otro todas estas montañas se derrumbarán y pues habrá un conflicto, pues no les importa, como ellos se van, cogieron y cogerán su dinero y no les importa el hueco que dejen ahí. Aquí además estamos divididos por tres montañas elevadas sobre la Ciudad, se han considerado como de alto riesgo, entonces las pendientes, por el rollo de las quebradas y las cuestiones de las lluvias, hacen que éstas estén en peligro porque se pueden derrumbar en cualquier momento, se pueden deslizar las casas, de esa misma manera el gobierno se ha tomado esas leyes para decir que no se puede construir o que tiene que desalojar a cierto tipo de personas pero pues tampoco da soluciones para eso, o sea como “váyanse pero pues si algo les doy un subsidio y ya” pero pues vaya uno a ver si es verdad pues como uno no puede estar encima todo el tiempo ahí sin saber qué pasa con esas familias, puede que les dé subsidio puede que no les de nada, así pasa acá, uno puede que la casa esté en derrumbe, pero el bien más preciado aquí de las personas de la localidad es su casa porque es el único espacio que uno tiene fijo para poder vivir, es lo que lo devuelve a uno la dignidad, entonces si uno lo desplazan y no le dan una solución, pues uno vuelve así mismo sabiendo que uno está en peligro o sea uno corre su vida en peligro, que su familia puede correr peligro, pero es el bien más preciado que aquí consideramos, es la casa, si uno tiene una casa es un orgullo así sean palos y tejas o sólo ladrillos.

7

Maicol. Mi casa, que con el tiempo he ido construyendo, primero era una casa de tejas [lámina] como la gran mayoría aquí, en Villa Gloria, luego se fue materializando en bloque y ya muchas pusieron sus planchas. La familia ha estado involucrada en el proceso de arreglar el lote y tener estos terrenos más estables y adecuados para vivir, ha sido un intercambio de ayuda, entre familiares y vecinos y amigos. Todos cooperan de una u otra forma. Hace años decidimos hacer primero el muro de la casa, es un muro de contención, se ha venido arreglando poco a poco, para que no se venga encima, pues la pendiente es muy inclinada, y debemos proteger la casa para que no se nos venga encima. Aparte de los muros que se le han hecho y el acomode de todo el terreno en sí, de un lado para otro movilizando la tierra, se construyeron hace mucho tiempo unas paredes que sostienen esta caseta. Mi abuela hizo los primeros bloques, en un horno. Ahí siguen, con eso podemos probar la antigüedad de que llevamos tiempo aquí. Ya nadie hace bloques como entonces, eso es la prueba de que llegamos antes que ellos, y es más dificil que nos puedan sacar. Ahora que hemos construido la plancha, estamos planeando toda la estructura de un segundo piso. Las personas creen que este sistema de hilos es una nueva forma para construir las casas en Villa Gloria. La construcción de la casa en hilos en el segundo piso se planteaba como una ampliación para un espacio donde poder vivir. Los colores [hilos] rojos eran puntos de confusión [entre los familiares y las posibilidades del terreno y económicas] porque había un tráfico de ideas de si iba o no iba [determinada parte de la casa]. El hilo negro representa que se consolidó [el acuerdo entre familiares]. Se materializaron varias propuestas de la casa, unas ventanas y un muro fue lo que se logró materializar de lo que estaba inconcluso y, por puesto, la plancha que fue un punto importante de esa materialización. Ver la casa en hilos, es mejor que ver la casa en planos. Se entiende mejor, y cada quien puede entrar y ver si es lo que quiere. La vecina, que es muy chismosa y envidiosa, no quería que pusieramos los hilos amarrados de su poste, y nos dimos cuenta que no podemos construir más allá de lo permitido porque nos destruye la obra. Otros vecinos en cambio han sido de mucha ayuda, quieren también usar el mismo sistema de hilos para su casa, dicen que hay que agregar más colores.

5

Maria. Para mí casa es donde uno vive, está con su familia, tiene un lugar estable. Para mí es una palabra muy grande, porque es donde uno está con sus hijos y todo. También es un espacio construido para formar su hogar y estar con los hijos y estar reunidos en familia, construido por nosotros mismos. La casa es uno, somos todos los que estamos aquí, y no siempre estamos de acuerdo en todo, pero es nuestra casa, y eso es lo más importante. Cuando me casé con Reyes, el ya tenía el taller y una pieza, ya después construimos la pieza de atrás para las niñas. El muro lo hicimos en compañía de Maicol y Anghello, para ahorrarnos la plata de la mano de obra, lo del maestro, nosotros costeamos lo que es material y los muchachos la obra de mano. Las niñas y yo traíamos el material, lo que era la piedra. También hacía de comer y Reyes trabajaba con los muchachos para echar lo que fue el muro de abajo. Trabajábamos tres días en el muro y otros tres nos íbamos al taller para levantar para la comida y lo que necesitáramos. Acá nosotros no tenemos casas pequeñas, tenemos fincas, porque la casa de nosotros es grande, la tenemos de taller y para vivir. Nosotros Tenemos el trabajo en la casa y estamos al pendiente de nuestros hijos, los llevamos en un momentico al colegio. Pero ahora que nos quieren reubicar donde vayamos nos mandan a conseguir clientela, nos dejan sin trabajo, nos mandan a pasar hambre, a pagar arriendo y no a  una casa grande. Los últimos arreglos que se le hicieron a la casa fue echarle pinturita y se arregló un patio, antes de saber como tal la respuesta del estado de que ya no se puede continuar haciendo mejoras, pues va a ser complicado gastar dinero sin una retribución posterior al desalojo.

6

Odilia. Yo me imagino ese momento cuando llegó aquí mi familia, mi mamá cuando estaba pequeña… me gusta vivir aquí. Me gustan muchos los castillos de mi casa, y uno puede atar la cuerda para saltar y jugar. Me gusta jugar en la losa, ahí puedo pintar con el gis y hacer dibujos. Me acuerdo cuando era chiquita, tenía seis años, estaba en preescolar, el disfraz del reciclaje me ayudó a hacerlo mi mamá y mi papá, la mayoría del disfraz tenía reciclaje del  refrigerio, los zapatos estaba hecho de gaseosa. Yo me acuerdo que ese día se me rompieron los zapatos , y me tocó venirme a la casa porque se me rompieron los zapatos y quedé en segundo lugar, fui la virreina del reciclaje, y ya.

Angy.

Un proyecto de Sandra Calvo en colaboración con la familia Puentes Velandia-Gil Moreno-Ramírez Moreno

Colaboradores:
Familia Puentes Velandia-Gil Moreno-Ramírez Moreno
Maicol Moreno, Anghello Gil Moreno, Lucila Moreno, María Eusebia Velandia , Reyes Gaspar Puentes,  Celestino Guerrero, Luis Aponte, Pedro José Gil Carlos, Cesar Gil Moreno, Pedro José Gil Carlos, Cesar Gil Moreno, Odilia Puentes Velandia, Angy Puentes Velandia.