Trópico Entrópico [Proyecto] 2014-2015

La Habana, Cuba

Trópico Entrópico. Multiplicación del paisaje interior es un proyecto colaborativo de sitio específico, fruto de un prolongado trabajo de campo con la comunidad, para articular desde el arte el derecho a la vivienda tomando en cuenta el rol principal que juegan los habitantes en situaciones marginales en la lucha, defensa y mantenimiento de la misma.

El proyecto Trópico Entrópico fue presentado en la XII de la Bienal de la Habana y consistió en una inmersión en los modos de habitar de los así llamados solares o ciudadelas en el casco antiguo de la capital cubana. El trabajo cuenta las radicales modificaciones de los espacios internos de los edificios llevadas a cabo por sus inquilinos con el propósito de ampliar sus diminutos departamentos a costa de los espacios comunes o de dividir el interior de los mismos y de esta forma acomodar un número aún mayor de residentes; se trata de un caso extraordinario, a la par precario y vital,  de compactación de la vivienda. La investigación y el trabajo de campo se concretó en una serie de testimoniales y levantamientos arquitectónicos de los solares; un documental expandido que registra la arquitectura de estos predios y que se proyecta en cinco video-instalaciones hechas con materiales recuperados y prestados por lo habitantes de estos solares; una instalación en cartón corrugado a escala 1:1 de dieciseis casos de ampliación y división de la vivienda presentes en distintos solares, todo  realizado con la ayuda de los propios vecinos de los predios así como de un grupo de arquitectos e historiadores. Obtuvo el premio a la mejor obra de la XII Bienal de la Habana.

“After the Revolution, in accordance with the policy of “densing up” the bourgeoisie, the enfilade was cut up into pieces, with one family per room. Walls were erected between the rooms—at first of plywood. Subsequently, over the years, boards, brick, and stucco would promote these partitions to the status of architectural norm.

If there is an infinite aspect of space, it is not its expansion but its reduction. If only because the reduction of space, oddly enough, is always more coherent. It’s better structured and has more names: a cell, a closet, a grave. Expanses have only a broad gesture.”

In a Room and a Half, Joseph Brodsky

El solar o ciudadela, caracterizados por enormes espacios de puntal alto y patios generosos, que al mirarlos parecen estar a punto de colapsar, solían ser durante el periodo colonial, palacetes destinados a una sola familia de la clase acomodada y su servidumbre. Desde las medianías del siglo XIX y principios del XX, los dueños abandonaron estos palacetes en busca de zonas más modernas y ajardinadas de la ciudad, dando pie a nuevos ocupantes, los cuales iniciaron un primer proceso de fragmentación y reordenación de las estructuras internas de la edifiación con el fi de dar cabida a la emergente burguesía y sus diversas actividades comerciales. Esta situación perduró durante toda la etapa republicana. Sin embargo, es el triunfo de la Revolución Cubana lo que marca un quiebre. A comienzo de los años sesenta el Estado Revolucionario nacionaliza los inmuebles y promueve su ocupación por parte de las familias necesitadas de vivienda. Como resultado estos edifiios sufrieron su más profunda transformación: una arquitectura improvisada, espontánea, orgánica, vernácula, que creció y se desarrolló en el interior de una arquitectura de otra época. Cuando se recorren estas ciudadelas la percepción que se tiene es la de una severa implosión del paisaje interior, una suerte de matrushka tropical, estructuras que se multiplican al interior del palacete para crear espacios nuevos. Espacios, que en un principio se concibieron como unifamiliares pasaron a albergar ochenta o noventa familias pero éstas a su vez crecieron y apuntalaron una arquitectura en estado de ruina, continuaron subdividiendo el espacio hasta el extremo, creando una nueva casa, un puente, la ampliación de un cuarto o un entrepiso.

Las familias que han vivido una crisis económica prolongada y de extrema escasez material tienden a sacar mayor partido del patrimonio que poseen, crece la presión para ampliar -si se puede- o subdividir la vivienda para acomodar a más residentes. Hay situaciones de reducción extrema de los espacios comunes donde los inquilinos tienen que pasar un corredor caminando de forma lateral. Pasarelas improvisadas conectan los minidepartamentos de un nuevo entrepiso. Los patios de los palacetes tiene arcos de puntal alto que los vecinos han ocupado con las así llamadas barbacoas o altillos, este fenómeno, es la más grande transformación de una casa en La Habana Vieja, consiste en una plataforma que subdivide el puntal creando dos o tres espacios más. La barbacoa está hecha de madera o de cualquier material reciclado que se tenga a la mano, y no es una simple división espacial, ha transformado por completo la forma de vivir y las dinámicas de convivencia, responde a una necesidad inmediata, proviene de maneras constructivas que tienen una vida propia, es familiar, es personal, espontánea y resuelve la posibilidad de agregar un nuevo espacio.

El proyecto Trópico Entrópico  se sustenta en la investigación de campo, el diálogo con los vecinos e inmersión en la vida de los solares. Se escogieron siete solares o ciudadelas de la Habana Vieja y se obtuvieron los planos y los cortes de cada una de las plantas de los palacetes, identificando así su posible trazo inicial-original para poder compararlo con el actual, subrayando sus transformaciones a partir de los testimonios de sus residentes.  Cada vecino dibujó a manera de esquema su casa,  y luego en conjunto con un grupo de arquitectos e historiadores se trazaron los planos de cada piso del palacete. La construcción de estos levantamientos arquitectónicos fue posible gracias a la colaboración y los esbozos realizados por cada unos de los moradores sobre su propia casa y sobre los distintos espacios de los inmuebles. De otro modo hubiera sido muy vaga la comprensión de la modificación de los espacios. Los vecinos se han apropiado y han modificado elementos arquitectónicos donde ya no es posible diferenciar si algunas columnas, escaleras, paredes, existían con anterioridad o fueron agregadas o anexadas posteriormente: abundan aquí prácticas de camuflaje, ejercicios de intersección, adaptación y expansión interior del espacio; tapiado de salidas y ventanas para abrir otras nuevas; apropiaciones de puertas o rejas de solares colindantes  que colapsaron, o de materiales de derrumbe del propio solar y la readaptación de estos en otra zona del palacete.

En las ciudadelas también podemos apreciar una variedad de materiales  que provienen de otros lados, no necesariamente de la arquitectura doméstica: el mástil de un barco traído para la fabricación de una escalera que conecta los pisos de una casa;  la recuperación de piedras antiguas del muro del malecón destruido por un huracán y que fueron utilizados para reforzar las paredes de una casa; puertas oxidadas y abandonadas que pertenecían al elevador de un banco para completar la pasarela de un nuevo puente, entre muchos otros ejemplos.

El proyecto reconstruye la historia de estos palacetes y su vez reconoce el trabajo de estos autoconstructores que son sus habitantes. Los levantamientos, planos originales y actuales, están acompañados de la historias oral, las discusiones, las polémicas entre los propios vecinos, arquitectos e historiadores. De esta manera,  testimonios en audio, los planos y los videos exponen al visitante una reconstrucción posible de la historia  de  estas  arquitecturas de superviviencia.

“Cuando uno ve el fenómeno de manera alejada, sabe que la barbacoa agrede al inmueble y pone en peligro la estabilidad estructural del edificio, pero a la vez es parte del patrimonio vernáculo de la ciudad. No es del todo reconocida,  ni lo será, el propio descaro de la barbacoa de pasar de los arquitectos hace que no le perdonemos a la barbacoa que pueda existir sin nosotros, cómo le vamos a reconocer sus valores. Esto hace que pueda estar en peligro de perderse, si se restaura el centro histórico, deja de existir la barbacoa. Tienen una vida efímera” 

Colaboradores:
Vecinos de las ciudadelas de la Habana Vieja

San Ignacio 202:

Tita Fidelina Fernández Lamas Pae, Encarnito Rojas Calzado, Oda lmis Ricardo Ortiz, Armando Reyes Martínez, Armandito Reyes Ricardo, Yanete Reyes Ricardo, Vladimir Zamora Chacón, Dailyn Cutinho de la Cruz, Belki de la Cruz Galván, Daimy Navarro de la Cruz, Joulavi Castillo Gonzalez, Jhonny Mejía Sanchez, Zulema Basurto Alberto, Valeriano Gonzalez Justo, Pedro Roberto Yero Cordero, Lidia Rosa Diaz Reyes, Armando Reyes Torrecilla

San Ignacio 214:

Marisela Reytor Rodriguez, Loraine Oliva Reytor, Carlos Jordan Cabrera, Osmani Rodriguez Rodriguez, Giuliana Montenegro Gonzalez, Rosa Rodriguez Montenegro, Nayla Rodriguez Montenegro, Ricardo Boucardi Rubio, Leticia Fernández Aguilar, José Luis Boucardi Fernández, Thalia Boucardi Fernández, Leandro Boucardi Fernández, Julia Aguilar Sanchez, Nerivel Alvarez Gonzalez, Javier Campero Alvarez, Barbaro Arrieta Molina, Consuelo Boza Fonseca, Ironéa Cancio Rivero, Lazaro Molina Costa, Maria Antonia Condebat de Roncele, Martha García Ferrer, Yamila Monte Gola.

Aguiar 261:

Pedro Andres Medrano Lopez, Ana Maria Sotolongo Perez, Andy Lester Medrano Sotolongo, Danny Medrano Sotolongo, Rubiel Marcelo Sanchez Cruz, Livia Torres, Suviró, Bismar Sanchez Castañeda, Elia Osorio Acosta, René Rios Rios, Nancy Martinez Pedroso

Aguiar 408:

Gladys Franco Ramos, Ayler Jimenez Rodriguez, Manuel Ledesma Jimenez, Jose Manuel Ledesma Franco, Jose Leonardo Ledesma Franco, Juan Cardona Blanco, Nelson Lopez Martinez, Aracelio Morales Valdez, Janet García Quiñones, Marha Lucila Fontirruche Guerrero, Cesar Gonzalo Llopiz, Georgina.

Aguiar 155-159:

Odalys Toranzo Castro, Joan Cruz Toranzo, Jorge Michelle Batista Sosa, Cristina Sosa García, Girardo Pereira Hernández, Idarmis Pereira Toscano, Iraida ToscanoBerriel, Acela Chivas Maletá, Juan Carlos Romero Herrera, Laura Amparo Alemán, Felipe Diaz Taylo, Nanet Fernández Alemán.

Cuba 212:

Sara Scagnamillo, Roberto Martinez Bermudez, Yunais Yañez Bermudez, Dayamis Bosque García, Victor Manuel Bernal, Tereza Juana Despaine, Virginia, Lala y Ana Rosa.

Un agradecimiento especial a la Dirección de Proyectos de Arquitectura y Urbanismo, Oficina del Historiador (Eusebio Leal) y a la Cátedra Vernácula por el apoyo obtenido a través de  las residencias de investigación y de estudio de campo, realizadas durante los años 2014-2015